Senderos de Luz

Reflexiones

El Amor de Dios

En Semana Santa recordamos cuán grande es el AMOR DE DIOS. Reconocemos  todo el AMOR que Jesucristo le demostró a la humanidad entera, meditamos y muy posiblemente tengamos el firme propósito de enmendar nuestros errores, deseemos ser mejores cada día, optemos por perdonar, ayudar a los demás y  alabar a Dios con todo nuestro corazón.

Llega el momento en que pensamos a nivel general ¿amamos a Dios en la misma forma en que Su Hijo nos demostró ese amor incondicional, sincero, real, firme, eterno? Reviviendo la Semana Santa y todo el sufrimiento que Jesucristo soportó por la humanidad entera, necesariamente retrocedemos, repasamos y al comprobar una vez más nuestra ingratitud nos asaltan sentimientos de pena, vergüenza, surgen entonces muchísimos  buenos deseos de cambio en nuestras vidas. Al analizar cada una de las Siete Palabras una vez más  encontramos:

Misericordia: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Una palabra alentadora y una divina promesa. “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”.  Una palabra de entrega confiada, cuidadosa, tierna, firme y segura.” Mujer he ahí  tu hijos, hijo he ahí a tu madre”. La palabra siguiente es patética, sensible, conmovedora. “Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” Es una pregunta exclamativa que no requería respuesta, quizás solo quería hacernos reconocer el inmenso sacrificio por la humanidad entera. “Tengo sed” La palabra sed refleja el poco líquido que queda en el cuerpo. Era la peor necesidad física que sentían los crucificados a causa de la pérdida de sangre. Hoy día El sigue recibiendo vinagre y hiel de muchos que no quieren aceptar su sacrificio en la cruz del Calvario. Cuando Jesús hubo tomado el vinagre dijo: “Consumado es”. Esta frase significa; ya no queda nada por hacer. Garantiza una salvación perfecta a la que nada se le puede añadir. Y; por último está la Palabra Reveladora. “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Palabra potente que igual como hizo estremecer la tierra, nos hace estremecer cuando vemos y aceptamos nuestra indiferencia y nos alejamos de su Divino Espíritu.

Dios es amor y nos ha dado un mandamiento: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”. Entonces llega el momento en que analizamos si estamos haciendo lo que El quiere que hagamos. En el mundo actual estamos haciendo lo que Dios nos manda hacer? ¿Sí nos amamos los unos a los otros? Amamos a Dios como realmente El lo pide? Para hacer lo anterior tenemos que andar en amor y hacer que este sea un acto voluntario. Cuando amamos servimos, perdonamos, actuamos porque el verdadero amor se traduce en acción.

No es un secreto que alrededor del mundo y, con mucho dolor hay que decirlo, parece que el verdadero amor ha desaparecido. Las guerras, los métodos para “dirigir” un país, los perjudiciales avances tecnológicos, las rencillas, las envidias, matrimonios fracasados, hijos abandonados, escuelas y colegios envenenados, las mafias, las injusticias a todo nivel y la desunión FAMILIAR acosan, asustan, nos llevan a pensar en cuál será el futuro de las próximas generaciones si no recordamos que Dios es amor. Que nuestro sincero amor debe ser para El siempre y en todo momento. Dios quiere y espera que seamos fieles y correspondamos a su gran amor, así podemos “amar al prójimo como a nosotros mismos”.   

El Jardín

En el jardín del alma hay helechos y flores. Las flores crecen mejor a la luz del sol, y los helechos se desarrollan mejor en la sombra.

Allí están el helecho de la paciencia, el helecho de la benignidad, y el de la mansedumbre. El Gran Jardinero del alma se deleita en los helechos y quiere salvarlos de la destrucción en los días muy brillantes. Por eso los pone a la sombra: la sombra del desengaño, la sombra de las penas o la sombra de le enfermedad y el dolor. Es una sombra bendita, porque es la sombra del Todopoderoso. Aquí florecen los helechos y en los días cubiertos de nubes el jardín se pone hermoso.

J.H. Joventt.

Sin sol no hay sombra. No hay noche sin día. Más arriba de las nubes los cielos están despejados. Solamente el que ha descansado a la sombra, o que ha velado durante la noche, o que ha caminado bajo las nubes, puede iluminar el sendero de los demás.

M.T.

Dios está sobre las nubes, no importa cuan oscuras y deprimentes sean las nubes del desengaño, las cargas, las angustias, el dolor; las nubes de las ansiedades interminables. ¡Dios está sobre esas nubes, y los cielos te sonreirán otra vez!

J. Danson Smith

“Jehová es tu guardador; es tu sombra a tu mano derecha”-

Salmo 121-5

1- Júzgame, oh Dios, y defiende mi causa;
líbrame de gente impía, y del hombre engañoso e inicuo.

2- Pues que tú eres el Dios de mi fortaleza, ¿por qué me has desechado?
¿Por qué andaré enlutado por la opresión del enemigo?

3- Envía tu luz y tu verdad; éstas me guiarán;
Me conducirán a tu santo monte,
Y a tus moradas.

4- Entraré al altar de Dios,
Al Dios de mi alegría y de mi gozo;
Y te alabaré con arpa, oh Dios, Dios mío.

5- ¿Por qué te abates, oh alma mía,
Y por qué te turbas dentro de mí?
Espera en Dios; porque aún he de alabarle,
Salvación mía y Dios mío.

Salmos 43